jueves, 10 de octubre de 2013

Telúrico porvenir.


Empiezo esa temporada arcana en la vida de un homo erectus en que ha de decidir entre hacer volátiles y sutiles muestras de encanto a su gitana de Estopa o partirle la mandíbula de un puñetazo a tu compañera de clase hipster de voz ronca y lento florecer intelectual. Coño, que bonito todo.
El arrecife de coral esta recubierto de una sustancia blanca y cremosa que parece emanar de uno de los conductos anales de alguna barracuda enfriada, Coronel.

Prepare los torpedos, Hartigay. Vamos a bombardear a la cocinera esa de la ensalada de col ficticia del anuncio. Sin rechistar.

Es difícil no suscitar sospechas de mi presencia después de haber hecho 14 exposiciones de yunques formaldehídos en la playa municipal. Gozo de amplio aparcamiento, pero por favor perdónennos nuestras facturas de tantos y tantos puentes dentales innecesarios. Necesito que ud. me folle y me escupa en un parpado para volver a sentirme limpio. Leí una vez que: 'La persecución que sufrieron los ateneos en Crimea en el siglo XIV fue debida sobre todo a su largo historial de banalidades contadas en un escenario acerca de subirse y bajarse la cremallera en público y su tacañería compulsiva'. No necesito estudiar a gente mediocre y emanar semen de marsopa por ningún conducto vaginal para poderme sentirme querido por la plebe, ya me basto yo con una vaina de roble cobrizo.

Yo me meo en todos vuestros jugos gástricos para provocaros una ulcera intestinal si mi alergólogo me lo pidiese, y luego no habría vuelta atrás. Vosotros lo sabéis, pero yo no. No necesito ser autocomplaciente para necesitar un taladro formaldehido untado en el cráneo con vaselina para realizar una alegoría de los efectos cancerosos de llevar el pubis al aire durante toda la jornada laboral. No necesito fichar para ser querido. Y sobre todo, no necesito sentirme autocomplaciente para ligarme a una gorda en la estación de trenes.

Leo los cuatro párrafos siguientes a la violación de un primate y siéntase culpable por lo que va a leer. Cuando el mundo esta de arriba a abajo o de dentro a fuera, es mas sensible al ácido que provoca un chorrito de limón en el cogote o una mordedura de Goblin. No necesito que ud. me diga como voy a desobedecerle, ya se valerme por mi intelecto hundido en dry Martini y mi palo de pensar. No necesito que ud. me indique la carretera a mi telúrico porvenir solo porque en la primera estación de gasolina haya un perro muerto y aplastado que parece un fletán con gancho. Viva lo loco y vivan los que vinieron anoche a desvalijarme la casa y a lamerme en cuello mientras yo hacia como que dormía. Viva lo inquebrantable. Preguntas sobre el presupuesto a las 7.







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