miércoles, 7 de octubre de 2015

El swing del dolor.

No sé que pasó después de la tercera defenestración del Mochuelo Vibrador, pero sé que sonaba a 'A Wandring Minstrel'. A raíz del asesinato masivo por parte del Conde-Duque de Olivares hacia el ínclito Maricón de Pumares, decreto que la muy barroca ciudad de Queenlakebury se decrete un estado amistoso de queda para aquellas personas que tengan fantasías sexuales dulcificadas con los pájaros machos de los vecinos. Es mi contestación analfabetica hacia la carta mandad ayer por la sobrina elegida a dedo por parte de los contribuyentes de reducir la sala de contertulios infructuosos en un 2 %.
He venido a la Capadocia a perder la virginidad y a aumenta el numero de decibelios recibidos por parte del Gobierno de Majará de Kapurtala en 200%, que no es moco de pavo.
Ya van haciendo efecto las mescalinas, ahora voy a concentrarme en aumentar el numero de grajos migratorios en un 77.98% mas la raíz imponible de la cuadratura del circulo del cardado de tu madre en aquella foto de cuando hicisteis la comunión de 1912. Ahora que caigan los gobernantes de espaldas de 3 de 3. Venga ese pop caliente.
Fluid por la puerta atrancada, que yo me quiero bajar. Desmenucemos e pescado del amor. Abrazaros el código cuticular de vuestro sistema nervioso. Decidle a vuestro cuñado que vuestras opiniones valen  reales mas que la suyas. Instauremos un nuevos sistema decimonónico para contar moneda que no sean dedos prensiles. Vuestra ansia, nuestra desidia. Vuestra agónica existencia, nuestro olor virtual. Ese. El swing del dolor. O mejor, El swing del olor. No, es mejor divagar e irse un rato de baretos por el lado mas salvaje de la existencia humana. Vosotros aun no lo sabéis pero esta entrada no tiene final, podríamos estar aquí hasta Nochebuena con un pañuelo de papel cubriéndonos la cabeza mientras cantamos arias de Beelbebox.
Necesito un pantalón nuevo, este huele demasiado a orines y a semen de armadillo.
En una de las recurrentes escenas cinéticas de cualquier obra des-estructurada y desencajada de la existencia de Eadwerd Muybridge, existe un fotograma inconexo de toda la narrativa de sus zootropos que simboliza a una mujer con dolores estomacales tras haber sido penetrada fuertemente por un caballo en la campiña inglesa. Este fotograma inconexo se perdió uno de esos dias de asueto primaveral en donde uno de esos ladrones de pocamonta destrozó su zootropo y lo lanzó en el fondo de un putrefacto pantano de Burrow-In-Furness
Cuanto daño hicieron las cámaras lumínica sen el mundo de los fotoperiodismos eróticos, ya lo decía José María Carrascal: la iluminación en el arte es cosa de fotógrafos ciegos. Voy a empezar a cojear en la vida como amplitud de miras frente a la existencia finita. Algún día reconocerán mi obra en algún cuadrante de cualquier
agujero de gusano. Vayan poniendo una palangana en la puerta que y ya me marcho de una puñetera vez.

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