viernes, 1 de noviembre de 2013

Departamento Vikingo de Folios Blancos.


La semana pasada llamó alguien a la puerta de mi vecino. No logré adivinar quién era, pero quiso hacer un gesto por señas para que se cerciorase de que no había mapaches en su casa. Conseguí conectarme al wifi de su mansión, pero Eritrea no volvió a ser lo que era. Una pena de día.

La semana anterior a esa volvió a llamarme otra mujer pidiendo sexo desesperadamente. Se apoyó en el quicio de la puerta con su pernera lechal despampanante y no tuve mas remedio que asestarle 23 navajazos por la espalda, argumentando que era en defensa propia. No volví a ver su cadáver hasta después de su posterior exhumación y exhibición en una pinacoteca de Chicago. Se acabó el brocoli, viva Hitler.

La anterior semana anterior a la anterior, un señor acicalado y el pelo lleno de liendres dijo si podía usar su lavabo, porque acababa de asesinar a su suegro en la mesa de Acción de Gracias y necesitaba masturbarse urgentemente. Aquella necesidad de masturbarse hizo que 23 policías estadounidenses vestidos de paisano unidos en una humeante nube de polvo y ataviados con contundentes mazas modelo Parabellum, le asestasen 12,000 garrotazos en la columna por no vestir como indicaba la ley vigente o por señalar a una persona mayor sin pedir un permiso administrativo 12-0/12/45-B en la anterior semana anterior a dicha posterior-posterior. Puñetera administración vampírica y puñetera la manta que cobijo a la madre que parió a los Salmos del Gran Castor Calloway.

Escribir desde tu mundo interior es un error gramatical que hay que subsanar inmediatamente en los círculos de lectores restrictivamente cobijados en su puñetera manta & colcha modelo Urquizo respectivamente. Es un mantra de mierda la sociedad. La sociedad y el ajo. Anda, váyanse a pelar limones en cualquier pedanía de Cancún e intenten no violar a parejas homoerotistas en la vía pública. Hablando de vías, ayer estuvimos unos amigos estereotipados como verdaderos amigos míos apostando y lanzando monedas al aire a qué nuestro pequeño corazoncito no era capaz de resistir una tunda de repetidos y certeros flechazos con una cerbatana a bocajarro. La idea fue tamaño bizarra que ya ni intentamos acercarnos al viejo Molino D'Arwell Johnson.
El siguiente soneto va dedicado a Varg Vikernes por hacerme creer que las mañanas mejores existían y no lo había soñado mi perro: Oh, Solé Mío, ¿volveremos a cabalgar con el ojete enrojecido alguna sacrosanta mañana de otoño por los zarzales? Creo que no, desde que nos despidieron del campo de golf con el dedo anular ya no. Hoy cumplimos 23 años y medio, y seguimos igual de joviales que una ochotona alpina.
Saludos mortal, venía al departamento vikingo de folios blancos a informarme sobre los nuevos fondos TAE al mas tarugo y a por una chotola que regaláis  si abro una cuenta aquí. Ea, la acción del pavo.
Ya no me queda nada mas mierda que escribir salvo que os muráis y sea leve. Ea, los escurreverduras.

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