viernes, 12 de agosto de 2016
Antes todo esto era un anélido.
Voy a empezar como si todo esto se tratase desde el prisma de una novelita del 1456 escrita y dirigida por Jack Valenti después de una sobredosis de mescalinas y haber cenado fuerte:
Karim engendró a Ahmed
Joaquín engendró a Cat Stevens
Julien engendró a Millette
Millette engendró a Joaquín
Silence engendró a un tonel de sidra.
Karim volvió a nacer y no engendró a nadie.
¿Quién se ha comido mi tarrina de salfumán?
¿Quién necesita un espermicida en estos tiempos de desenfreno tan desenfrenable y después de inventarse la cocaína infantil en polvos para la leche?
Nosotros renunciamos a una tenencia ilícita de pertenecer al Club Bildeberg por tenencia ilícita de armas galácticas y decodificar el numero secreto de la Nintendo DS de Ted Turner y no volvimos a paladear el mañana tras un derrota futbolística.
¿Quién decide lo que ven las personas de los teletextos?¿Quién decide cuando una tarrina de salfumán ha sido totalmente descondensada de la realidad?¿Quién me mira cuando meo?
En un tratado absolutamente revolucionado incluido en un anexo de un códice calixtino que nos transportaba hacia un angulo muerto en la carretera, se incluía una postura sexual inédito con la que se necesitaba la ayuda de un paramecio en perfecto estado de descomposición para poder introducírselo en las partes pudendas por cualquiera de las 78 uretras del cuerpo humano. Dicha postura sexual se almacenó en un disco duro y permaneció deserrada de la faz de la tierra hasta que se icluyó un anagrama de dicha formula en una canción de Carlo Gesualdo. Hasta entonces, nadie vio salir al camarero y la gente empezó a empecinarse con las tarrinas de salfumán.
Nadie vio salir al camarero y entonces, todo se convirtió en una cinta de cine negro con resquicios humeantes de sexo destapado y sospechoso con cicatrices en la cara.
No es momento de destilar aquí, Jimmy. Estamos en mitad de una descompresión contractual desclorhificada. Desde que nuestro cuerpo se ha acostumbrado a estar en una postura fetal desde la Era de los Ascensores Asesinos habéis decidido ignorar las profecías del Profeta Mihjail T.J. Randall Ferguson Peribáñez Ponte III y no escucháis el divino trinar de El Palomo Graznador del Espacio Ulterior XIII y sus buenas nuevas sobre la des-asociación de la tarrina y el salfumán. Mi perineo ya no aguanta más y ha pillado una hernia, y se ha largado a vivir a Connecticut.
Nuestra buena noticia es que hemos reclutado a un salmón para salvaguardar las portezuelas de nuestr...No, eso no tiene gracia en esta entrada. Bórralo.
Ernie tuvo una hernia y se volvió verde cada vez que reírme. No pudo cagar y se fue de baretas con Humpty Dumpty hasta que los pillaron en el párking de la discoteca Bananas con kilo y medio de speed sin cortar. La solución a todos los problema spasa por convertirse en anélido. Según decía mi abuelo en una ocasión: 'Antes todo esto era un anélido'. Y al final, todos fueron ninguno y nadie pidió café con el croissant. No olviden rezar por Don Knotts, cámbienle el linimento a la abuela por Superglue y no olviden avistar los cielos: la imagen de una tarrina de salfumán podría estar esparciéndose sobre la tostada de Orus.
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