jueves, 8 de noviembre de 2012

Las andadas nunca olieron tanto a grapadoras semi-nuevas.


A aquellos que se preguntan porqué este blog no ofrece vista directa en streaming de lo que ocurre actualmente en la ciudad de Khabarovsk, que se metan un cetáceo por el ombligo. Si esta entrada no satisface las expectativas de su usuario, podría disponerse en los próximos meses de un libro de reclamaciones con barra americana incluida. No tengo trabajo, no tengo camisa, no tengo esmalte de uñas con sabor a heno. No tengo vida. Perdón, la divagación hace que me vuelva melancólico.

(12 minutos después de una docena de autocrítica uterina...)


Volviendo a un tema espinoso que hace que mi columna vertebral se resquebraje y progresivamente me convierta en una suerte de Cthulhu Lovecraftiano y una beluga con peluca rubia: ¿por qué Wittgenstein?¿Por qué esa manía de intentar descifrar los ingredientes del bacalao cada vez que iba a un McDonalds de carretera?¿Por qué ese interés enfermizo en relacionar a Magallanés y a Lola Gaos con los 7 grados de separación?¿Por qué intentar desmontar el Tercer Reich a base de lecciones de civismo para dummies?¿Eh, por qué?¿Por qué la coherencia no hace que yo ahora mismo este fornicando con un puercoespín y no con una nipona con tocado y un tatuaje con el lema: 'El sexo sigue vivo, nadie nos volverá a llamar rencorosos, vivan los affair ultramatrimoniales de segunda fila y ayer vi un OVNI con la cara de Ricardo Sáenz de Ynestrillas?', todo ello en un meñique. La próxima vez que oiga a alguien mencionar que existe una ley extraterritorial que impide que los lugareños de Matadepera hayan oído alguna vez esgrimir un grito sordo a los bueyes almizcleros de la zona, no respondo de mis actos, no respondo de mis fobias, no respondo de mis res.

Nadie hablará de nosotros cuando hayamos entrado en un bazar chino y hayamos intentado maquillarnos como unas geishas de Okinawa en celo. Algo ciertamente imposible es la divagación a cobro revertido, nadie se había percatado de ello hasta que ayer me quedé hasta tarde intentando pillarme el dedo en el hueco de la escalera. En otro orden de cosas, mi ego se ha ido a vivir al lago Orinoco para resolver su vida extramatrimonial y hacerse socio de una ONG de apoyo a ciudadanos fornidos que no pagan a la Seguridad Social y además todavía se peinan con mullet. Es indignante, voy a tener que crear una Segunda Institución en Terceras Nupcias con el pseudónimo de 'Dorothy Davies' para escarmentar a todos esos jóvenes castrenses que venden estolas de bison sin homologar en la tasca del final de la acera. Maravilloso es ese regusto que dejan las andadas. Sí, es verdad: las andadas nunca olieron tanto a grapadoras semi-nuevas, y si no estuviesen las cámaras delante también lo diría. No aguanto rectificar mis argumentos, y menos cuando mi contrincante no para de señalarme con voz obscena y acata mis deseos de que baile 'La Macarena' delante de todos los mandatarios ulteriores. Sí, nada se abandona hasta que no se ha cumplido un ciclo, como en aquel anuncio de Pelikán. Hasta la mierda y siempre con la mano pegajosa y apestando a rimel.


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